Etiquetas

,

Nuevas conquistas liberales. Final de la guerra

Unos pocos días después continuaban las operaciones militares en la zona que llevaron al descalabro del ejército carlista. Las consecuencias de la batalla de Peñacerrada podemos verlas en estas dos acciones de guerra en otros puntos de la geografía carlista.

En la primera de ellas fue la villa de Labraza la que sufrió asedio y rendición por parte del general Espartero: “… el fuerte de Labraza, ocupado por los enemigos, cayó aquel día en poder de nuestros valientes, sin que acudiese a salvarlo, como tenía prometido a su guarnición, el general faccioso Maroto, que sólo distaba una jornada corta de aquel punto. A las diez de la noche anterior salieron nuestras fuerzas de Viana para que antes de amanecer tuviese circunvalada la fortificación. A las cinco de la mañana mandó el general un parlamento para intimar la rendición, pero habiéndose negado su gobernador, se rompió el fuego. Una batería jugó con acierto, la artillería francesa introdujo en el pueblo algunas granadas y las columnas estrechaban su circunferencia; todo lo cual hizo desmayar a los defensores que suspendieron el fuego colocando bandera blanca en la torre y entregándose sin otra condición que la de ser los primeros para el cange. El Conde de Luchana considera la toma de Labraza como muy importante por el efecto moral que producirá en el país rebelde, por su fortaleza y porque su situación liga aquel punto con Viana, Peñacerrada, Laguardia y San Vicente, quedando libre toda la Rioja Alavesa”.
Boletín Oficial de la provincia de Orense, 27 de junio de 1838.

Existía un verdadero pavor a ser asediados y destruidos como ocurrió en Peñacerrada o en la villa de Labraza y el relato de la situación en Estella. También el desánimo había calado entre los seguidores de D. Carlos pasándose a las tropas liberales en cuanto tenían ocasión: “Anteayer se presentaron 13 facciosos armados. Zurbano vino anteayer de Vitoria por Peñacerrada y se volvió ayer con sólo dos compañías de infantería y 12 caballos, de modo que ya experimentamos la ventaja de poseer este punto porque con tan poca fuerza se pasa ya por el puerto (Herrera). En toda esta semana se reunirán las tropas nacionales y todas marcharán sobre Estella, en donde sus habitantes están aterrados desde la jornada de Peñacerrada; han sacado todos sus intereses a las Amezcuas y valle de Valdellín de modo que me temo que no hagan una resistencia tan tenaz como en Peñacerrada. Se ha concedido una especie de indulto para que todos los que se presenten puedan elegir cuerpo donde servir o retirarse a vivir donde gusten”.
El Atlante, 10 de agosto de 1838.

Desde que empezó la guerra, los carlistas de cada provincia vasca y de Navarra mantenían su propia administración provincial tanto civil como militar. El hecho negativo de la falta de coordinación de estas administraciones quedaba incrementado con el gobierno de la corte del Pretendiente y el problemático mantenimiento de la tropa formada por los batallones de Castilla.

La I Guerra Civil española finalizó un año después con el abrazo entre los generales Rafael Maroto y Baldomero Espartero el 31 de agosto de 1829. Una parte importante de la oficialidad y del clero carlista no aceptó el convenio y marchó junto con el pretendiente al exilio a Francia. Para estos sectores, el acuerdo entre Maroto y Espartero sería conocido como la Traición de Vergara.



 

José Antonio Muñagorri y Otaegui

José Antonio Muñagorri y Otaegui fue un político y militar español. Protagonizó en 1838 el movimiento Paz y Fueros para poner fin a la Primera Guerra Carlista con la conservación de los fueros. Aunque su movimiento no tuvo éxito, la base de sus proclamas influyeron en el Convenio de Vergara de 1839. Hizo estudios de escribano, continuando con la tradición familiar. También estuvo involucrado en varios negocios, entre los que destacaron las ferrerías de Leizaran. La Primera Guerra Carlista paralizó sus negocios y preocupado por ello se reunió con algunas personas influyentes o acaudalados exiliados que se encontraban en Bayona (País Vasco francés). Estos propusieron separar la causa carlista de la reivindicación de los fueros vascos y concluyeron que debía acabar la guerra si se respetaban los fueros, surgiendo de ahí el movimiento Paz y Fueros. El movimiento contó con el apoyo del gobierno de España de tendencia liberal, que financió al ejército de Muñagorri contra de los carlistas. Fue apresado por los “chapelgorris” y fusilado poco después, en octubre de 1841. (Wikipedia)


 

Escrito de Muñagorri dirigido al infante D. Carlos varios meses antes de la acción de Peñacerrada, haciéndose eco del descontento de la población: “Señor: La felicidad de mi país, la felicidad de España me han prescrito un deber sagrado. Ambas me impelen a buscar los medios de poner término a la guerra civil, a esta plaga que todo lo destruye sin objeto ninguno y sin escuchar la voz de la clemencia. Treinta mil familias han desaparecido de nuestro suelo y otras cien mil se hallan reducidas a la más horrorosa miseria. Esta desolación, estas desgracias nos han venido por vos. Estos desastres desgarran el corazón de todo buen español. Yo me siento llamado a llenar la importante misión de sustraer mi país a los horrores de la guerra. ¿Lograré llevar a cabo este noble proyecto? La muerte será la única que pueda oponérseme para ello; pero yo lo arrostraré. V.A.R. (Vuestra Alteza Real) conocerá fácilmente que le es preciso salir de esta provincias. Vos y vuestros consejeros las habéis convertido en un desierto; habéis sembrado en ellas el luto y hacinado a montones los cadáveres. Abandonadlas, pues, cuanto antes. Si en ellas tenéis amigos, que os sigan enhorabuena. Si tenéis derechos a la corona de España, nosotros no nos opondremos a ellos; pero sabed que esta es una guerra de personas y que nosotros, navarros y vizcaínos no hemos reconocido jamás otros reyes que nuestros fueros y privilegios. ¡Vos queréis reinar! Marchad, pues, a las provincias que os pueden reconocer por rey; pelead con auxilio de los hombres que os creen con derecho al trono. Que decida la espada entre vos e Isabel, entre vos y todos los demás pretendientes; pero no contéis más en adelante con los esfuerzos de las provincias exentas. Demasiada sangre se ha derramado para alimentar las plantas parásitas que os rodean. Renunciad a la esperanza de sofocar el grito de independencia que ha proferido mi boca; mi voz es la de todos mis compatriotas; mi voluntad es la suya; nuestros valles y nuestros montes repetirán nuestros juramentos. ¡Abandonad el suelo de Navarra! Marchad, señor, nosotros queremos paz, queremos disfrutar de un solo día de descanso. Llevad a otra parte vuestras máximas de destrucción; pero no olvidéis que la justicia Divina castiga a los príncipes como a los hombres más desvalidos de la sociedad. Dios guarde a V.A.R. muchos años. Cuartel general del ejército independiente.
Verástegui 19 de abril de 1838.- F. Muñagorri”.

Y en otro escrito del mismo año aunque no tiene fecha se expresa en los mismos términos: “Proclama de Muñagorri, jefe de la insurrección fuerista contra el pretendiente. ¡Navarros y Guipuzcoanos! Hace cinco años que la desolación y la muerte pesan sobre nuestra patria. La sangre vertida en nuestros campos es la sangre de nuestros hermanos, de esos valientes que, seducidos y engañados por intrigantes, combaten por un príncipe cuyos derechos a la corona de España son dudosos. ¿Qué pedís? ¿Por qué combatís? ¿Por quién…? Paz y fueros, tal debe ser nuestro objeto. Si ambiciosos desean el trono, allá se las hayan. La Navarra, las Provincias Vascongadas, unidad por tantos vínculos de amistad, de sangre, de costumbres, de libertades, son desde ahora independientes. Desde hoy no somos ya esclavos, de esos miserables acostumbrados a mandar como señores y enriquecerse a expensas de los pobres. ¡A las armas… Viva la independencia. Paz. Libertad. Obediencia a las nuevas autoridades! Verástegui 1838. El comandante general en jefe de la independencia. – Muñagorri”.

 



 

Anuncios