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Consecuencias de la Batalla de Peñacerrada

Las consecuencias de la pérdida de este importante enclave estratégico y los numerosos muertos y heridos además de la gran cantidad de prisioneros capturados por el ejército liberal, quedan patentes en este párrafo: “El hecho que acabamos de hacer una ligera referencia, fue de grandiosa importancia. Los carlistas perdieron entonces la llave del Ebro por aquella parte; quedaron circunscritos a un territorio mucho más estrecho y por último, vieron nacer en su seno la discordia, que es casi siempre compañera de la desgracia. Había quedado derrotada allí la parte más ardiente del bando carlista, parte acaudillada por el general Guergué y naturalmente el bando que le hacía la guerra dentro de la misma corte de D. Carlos, aprovechó esta oportunidad para tomar la dirección de los negocios militares…”.
Crónica de la provincia de Logroño, de Waldo Jiménez Romera, pag. 41.

 

En El Atlante, de 1 de agosto de 1838 aparece un artículo que habla de la crudeza de la batalla: “Las personas que llegan de las provincias están todas de acuerdo en presentar la batalla que tuvo lugar el 22 de junio, entre Peñacerrada y Moraza, como una de las más sangrientas de esta guerra. Carlista y cristinos habían todos reunido en estos puntos toda la fuerza de que podían ellos disponer, con independencia de los refuerzos de tropas y de artillería, que de los alrededores cada parte recibió en la noche de la acción decisiva. Cada cuerpo de ejército tenía más de una legua (cinco kilómetros) de extensión y los carlistas ocupaban muy fuertes posiciones. La artillería de Espartero, procedente de la antigua legión de Argel, ha hecho prodigios en esta jornada. Lo que hay de singular es que un gran número de soldados han tomado, después de la derrota, el camino de sus respectivas provincias; los 2º y 8º batallones de Guipúzcoa se han presentado en Tolosa con una baja de 600 hombres. Pero para desvanecer los temores de la población, se ha hecho correr la voz de que los que faltaban se habían quedado en los hospitales. La cosecha de Peñacerrada a Vitoria, que comprende siete villas, está enteramente perdida. El día 24 llegaron al hospital de Irache 230 heridos pertenecientes a los batallones de Navarra; el mismo día 12 jefes y oficiales llegaron también a Estella. La brigada del general Sanz, que se compone del batallón de Guías, y del 8º y 12º de Navarra, se ha dirigido el 24 desde Aoiz al valle de Echauri, para cubrir los alrededores de Estella y los fuertes de Mañeru, Monjardín y Sortada. El 1º y 4º batallón de Guipúzcoa, bajo las órdenes del brigadier Alza, debía dejar el 28 la línea de Andoain y volverse al cuerpo de operaciones para reemplazar al 2º y 8º batallones mandados por Izurnaga”.

 

General Juan Antonio Guergué

General Rafael Maroto.

Mucha más información sobre la situación de los heridos tras la batalla de Peñacerrada aparece en el Boletín Oficial de la provincia de Zamora: “En el hospital carlista de Irache hay  en el día 800 heridos procedentes de las últimas acciones de Peñacerrada y además 140 enfermos. En dicho hospital han muerto desde el 22 al 30 de junio diez hombres por día. La junta de Navarra, sabiendo el estado de miseria en que se encuentran los pueblos, ha dado orden para que no les exijan raciones hasta después de la cosecha, cuidando entretanto la junta de comprar las raciones necesarias para la tropa… Ayer se decía que el general carlista Guergué, que mandó las tropas en la acción de Peñacerrada, había sido asesinado por los suyos por sospechas de traición. Varios arrieros llegados ayer de las provincias confirman esta noticia. No tenemos datos fijos sobre esta ocurrencia; pero podemos asegurar que el brigadier Iturriaga, despechado por la derrota del ejército, insultó agriamente al general Guergué después de la acción y hasta llegó a amenazarle con una pistola; tal vez este incidente habrá dado margen a la noticia de la muerte de Guergué”. No murió el general Juan Antonio Guergué de la forma que relatan estos hechos aunque muy bien pudieron ser ciertos. “A principios de 1838 asumió el mando en jefe del ejército del norte y sostuvo los desgraciados combates de la línea de Valmaseda que culminaron en la pérdida de Peñacerrada, por lo que fue sustituido por Maroto, que ordenó a Guergué que se recluyera en su casa de Legaria. Comprometido aquél a una transacción, tuvo que eliminar a los que se oponían a la misma, entre los que se encontraban los generales Guergué, García y Sanz, el brigadier Carmona y el intendente Uriz, los cuales fueron fusilados en el Puy de Estella el 18 de febrero de 1839” (Gran Enciclopedia de Navarra).

Fusilamientos en Estella de los sublevados, por orden del general Rafael Maroto.

Los sucesos y toma de Peñacerrada han causado una sensación muy fuerte al ejército y provincias sujetas al Pretendiente. Los navarros y guipuzcoanos son particularmente los más desalentados. A fin de animar a los soldados, se ha mandado distribuirles alguna blanca; esa distribución se verificó el 24”.
El Atlante, 1 de agosto de 1838.

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