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Otro punto de vista sobre la Batalla de Peñacerrada

En el Boletín Oficial de la Provincia de Segovia, 3 de julio de 1838, aparece más información de la batalla. “Peñacerrada unía a la solidez de su fortificación la concurrencia de un ejército en su apoyo.  El de mi mando ha tenido que resistir los ataques y amagos de las fuerzas enemigas sin desatender el objeto de rendir la plaza. Las baterías rompieron el fuego al amanecer muy próximas al recinto, habiendo jugado todas las piezas hasta las cinco de la tarde, hora en que me fue forzoso atacar a las fuerzas rebeldes, porque aumentadas considerablemente, procuraron a todo trance salvar a los sitiados. Puestas en marcha las masas que formé, volvieron a sus líneas atrincheradas, creyeron segura nuestra derrota atrayéndonos a ellas; pero ni las ventajosas posiciones, ni el horroroso fuego de sus baterías y batallones, pudo resistir a los valientes a mi mando. Puesto a la cabeza del brillante regimiento de húsares de la Princesa con mis ayudantes y Estado Mayor se decidió en breve la victoria. La carga fue de las más arrojadas y de mayor mérito. Sobre 300 cadáveres quedaron en el campo; y aunque no me es posible fijar en este momento el número de prisioneros, calculo que no bajarán de 800 hombres. Su artillería con las mulas de tiro, municiones y material, armas, equipajes e infinidad de pertrechos, todo quedó en nuestro poder. La consecuencia de este importante suceso fue la de ocupar esta plaza con cinco piezas más de artillería, armas, víveres, municiones y otros efectos”.
Firmado por: El Conde de Luchana. General Baldomero Espartero.

Cuadro: Calderote.
Primera Guerra Carlista
Autor: Ferrer Dalmau

El éxito fue tan feliz como se había previsto. Después de tres días de continuo pelear, los carlistas, confiados en la escasez de municiones que se sentía en el ejército de Espartero, contaban ya con un seguro triunfo; pero el general, que comprendía lo precioso de aquellos momentos, forma en masa siete batallones y se arroja a la bayoneta sobre las posiciones enemigas. Los carlistas suspenden su fuego hasta tenerlos a corta distancia, pero en vez de recibirlos a metralla y fuego de fusil, lanzaron sobre ellos una masa de caballería, que, rechazada por las tropas de la reina, dio a éstas la ocasión de verificar un rápido movimiento que las hizo dueñas de todas las posiciones. Efectivamente, antes de que acabaran de entrar en sus líneas los jinetes de D. Carlos, el intrépido general se puso a la cabeza de varios escuadrones y se arrojó sobre las posiciones enemigas. Fue el tal ataque tan breve y tan violento, que los carlistas, no teniendo tiempo aun para volver de su sorpresa, huyeron desconcertados, dejando sobre el campo 300 de los suyos con toda su artillería, trenes (carros de municiones para la artillería), bagajes y 800 prisioneros. Las tropas de D. Carlos evacuaron sigilosamente la plaza y Peñacerrada quedó en poder de la causa legítima”.
Crónica de la provincia de Logroño, de Waldo Jiménez Romera, pag. 41.

Soldados carlistas



 

EN LAS SIGUIENTES PARTES QUE COMPONEN ESTE RELATO

TRATARÁN SOBRE LAS CONSECUENCIAS QUE TUVO EL 

DESENLACE DE ESTA BATALLA EN LA GUERRA CARLISTA



 

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