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Toma y destrucción del castillo de Urizarra

Casi un año después de que la villa permaneciese en manos carlistas, el general Espartero dirigió su ejército desde Vitoria hasta las inmediaciones de Peñacerrada. Se trataba de una fuerza considerable con abundante artillería y caballería. El ejército carlista, al mando del general Guergué, había recibido unos refuerzos importantes procedentes de Navarra con el fin de defender la plaza. Contaba para su defensa con los castillos de Moraza y Urizarra, unida a la artillería emplazada en la villa. “Peñacerrada, que había sido rodeada de importantes fortificaciones, y cuyos alrededores se hallaban cuajados de reductos, debía ser vivamente defendida por las huestes de D. Carlos. No era menos importante su expugnación para las armas liberales, pues llevaban la probabilidad de atraer a los carlistas a una batalla general, en la cual tenían grandes probabilidades de seguir triunfantes; aun suponiendo que así no sucediera, el movimiento de concentración que debían practicar los enemigos había de dar una mayor facilidad a las divisiones liberales que operaban en la circunferencia del país, permitiéndoles llegar hasta el corazón del carlismo. Todas estas consideraciones debían hacer muy ventajosa la operación indicada y Espartero se decidió a llevarla a cabo”. En este párrafo del libro “Crónica de la provincia de Logroño” de Waldo Jiménez Romera, pag. 41, encontramos los motivos de los continuos ataques que sufrió la villa de Peñacerrada desde el comienzo de la guerra hasta la toma de la villa en junio de 1838.

Castillo de Urizarra

En el periódico El Atlante, del 17 de julio, encontramos un interesante relato de la toma del castillo de Urizarra: “El día 19 se presentó nuestro ejército al frente de la plaza. El 20 fue atacado el castillo que el enemigo supo defender con obstinación y bizarría. Después de un corto fuego de artillería por nuestra parte, nuestros valientes corrieron a la bayoneta sobre el frente y colocándose en el foso y al pie de las murallas, inutilizaron los disparos del enemigo. La guarnición, que no había querido capitular, pidió entonces hacerlo, y le fue reusado. Nuestros soldados se apoderaron del fuerte y a viva fuerza, y los enemigos que salvaron sus vidas, lo debieron a la generosidad de nuestros soldados. Dos piezas de artillería, infinidad de muertos, 80 prisioneros y todos los pertrechos de guerra fueron el premio de esta primera victoria, comprada con la sangre de nuestros valientes. El batallón de Guías fue el que más se distinguió este día, pues tuvo el arrojo de lanzarse al asalto de la fortaleza, sin aguardar a que hubiese brecha abierta. Tres ayudantes del General en Jefe (Espartero) estuvieron presentes en este punto y dirigieron el ataque”.

Tropas carlistas. Lanceros de Navarra

Una vez tomada la importante posición defensiva del castillo de Urizaharra, las fuerzas del general Espartero tenían una posición privilegiada en las peñas que dominan la villa para instalar sus piezas de artillería y bombardear la muralla norte de la plaza.

En el parte oficial del ejército escribió el general Espartero: “Mi posición era bastante embarazosa. Suspendido el ataque mientras llegase un abundante repuesto de municiones, podía el enemigo en su país obstruir las comunicaciones y obligarnos con sus movimientos a ceñirme a la defensa del campo atrincherado, abandonando mi línea para proteger los convoyes. La guarnición de la plaza podía ser relevada con gente de refresco, dando lugar a que reparasen los derribos y destrozos de sus baterías y baluartes, restableciendo la fuerza moral perdida por el feliz suceso de la toma del castillo y aumentando su resolución en la obstinada defensa. Por lo tanto, la dilación en ser dueños de la plaza, nos era sumamente perjudicial. Esto no podía ocultarse a Guergué, jefe superior del ejército rebelde, que ya había reunido fuerzas considerables en este día con la brillante batería rodada, titulada del cuartel real y escogidos escuadrones…”

Batalla entre los ejércitos carlistas y liberales



PRÓXIMAMENTE LA TERCERA PARTE EN LA QUE
SE NARRA LA BATALLA DE PEÑACERRADA
CONTADA POR EL PROPIO GENERAL ESPARTERO



 

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