Etiquetas

, ,

De Peñacerrada a Montoria

El domingo de Pentecostés, este año el 4 de junio, tiene lugar el traslado de la Virgen de Estíbaliz de una iglesia a otra del municipio, incluyendo Pipaón de donde llegó el año pasado.

Este año, al igual que durante la mañana con la romería al Toloño,
la tarde se presentó lluviosa por lo que hubo que cubrir la imagen
de la Virgen y el arco de flores con un plástico durante su traslado

Antes, en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Peñacerrada, los fieles se despidieron de la Virgen de Estíbaliz ya que hasta dentro de otros cinco años no volverá a la villa tras su periplo por los pueblos del municipio.

Como de costumbre, Jesús Elorza dedicó unas palabras a la Virgen y después, fue llevada en un remolque hasta Montoria donde esperaban los fieles, que se habían trasladado hasta allí en coches, dado lo inclemente del tiempo durante todo el día.

Ya en la iglesia de San Miguel de Montoria, se celebró la bienvenida y salutación oficiada por Felipe, el sacerdote encargado de la ceremonia, que aprovechó la ocasión para despedirse de los fieles, pues el obispado le reclama en la ciudad de Vitoria. Después, la Junta Administrativa de Montoria ofreció una merienda a los asistentes amenizado por la música de acordeón.


Relato de Jesús Elorza

“Hace 30 años, arriba o abajo, cuando había muchos habitantes en los pueblos los traslados se hacían a pie hasta mitad de camino de cada pueblo y a Nuestra Madre se portaba a hombros. Prácticamente acudía todo el pueblo, desde los más mayores que podían hasta los más pequeños acompañados de sus madres, también, prácticamente había un sacerdote en cada pueblo que iba acompañado por los monaguillos que portaban la Cruz y los Ciriales y el sacerdote hacía la presentación.

Dos jóvenes portaban los pendones, las Hijas de María portaban el estandarte y cantaban a Nuestra Madre acompañadas por el pueblo y en el recorrido se rezaba el rosario. Las niñas de la escuela, bien ensayadas, recitaban versos a Nuestra Madre y lanzaban pétalos de rosas.

Aquellas abuelitas, serviles, humildes y frágiles por el peso de los años, al despedirse gritaban: ¡Adios!, pero valientes y con un corazón grande y enternecido hacia Nuestra Madre, al despedirse le gritaban: ¡Adios, adiós Madre de Estíbaliz, hasta que vuelvas, si estamos por estas tierras!, mientras se secaban con el pañuelo las lágrimas que surcaban sus mejillas y esperaban a que se alejase y perderla de vista, gritando: ¡Adios, adios Madre de Estíbaliz, cuanto tiempo ha pasado y cuanto han cambiado las cosas, pero tú, Madre, no has cambiado, siempre estás ahí, como todas las madres esperando a sus hijos, porque una madre no se cansa de esperar!.”



 

Anuncios