180 aniversario de la Batalla de Peñacerrada. 6ª parte

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Nuevas conquistas liberales. Final de la guerra

Unos pocos días después continuaban las operaciones militares en la zona que llevaron al descalabro del ejército carlista. Las consecuencias de la batalla de Peñacerrada podemos verlas en estas dos acciones de guerra en otros puntos de la geografía carlista.

En la primera de ellas fue la villa de Labraza la que sufrió asedio y rendición por parte del general Espartero: “… el fuerte de Labraza, ocupado por los enemigos, cayó aquel día en poder de nuestros valientes, sin que acudiese a salvarlo, como tenía prometido a su guarnición, el general faccioso Maroto, que sólo distaba una jornada corta de aquel punto. A las diez de la noche anterior salieron nuestras fuerzas de Viana para que antes de amanecer tuviese circunvalada la fortificación. A las cinco de la mañana mandó el general un parlamento para intimar la rendición, pero habiéndose negado su gobernador, se rompió el fuego. Una batería jugó con acierto, la artillería francesa introdujo en el pueblo algunas granadas y las columnas estrechaban su circunferencia; todo lo cual hizo desmayar a los defensores que suspendieron el fuego colocando bandera blanca en la torre y entregándose sin otra condición que la de ser los primeros para el cange. El Conde de Luchana considera la toma de Labraza como muy importante por el efecto moral que producirá en el país rebelde, por su fortaleza y porque su situación liga aquel punto con Viana, Peñacerrada, Laguardia y San Vicente, quedando libre toda la Rioja Alavesa”.
Boletín Oficial de la provincia de Orense, 27 de junio de 1838.

Existía un verdadero pavor a ser asediados y destruidos como ocurrió en Peñacerrada o en la villa de Labraza y el relato de la situación en Estella. También el desánimo había calado entre los seguidores de D. Carlos pasándose a las tropas liberales en cuanto tenían ocasión: “Anteayer se presentaron 13 facciosos armados. Zurbano vino anteayer de Vitoria por Peñacerrada y se volvió ayer con sólo dos compañías de infantería y 12 caballos, de modo que ya experimentamos la ventaja de poseer este punto porque con tan poca fuerza se pasa ya por el puerto (Herrera). En toda esta semana se reunirán las tropas nacionales y todas marcharán sobre Estella, en donde sus habitantes están aterrados desde la jornada de Peñacerrada; han sacado todos sus intereses a las Amezcuas y valle de Valdellín de modo que me temo que no hagan una resistencia tan tenaz como en Peñacerrada. Se ha concedido una especie de indulto para que todos los que se presenten puedan elegir cuerpo donde servir o retirarse a vivir donde gusten”.
El Atlante, 10 de agosto de 1838.

Desde que empezó la guerra, los carlistas de cada provincia vasca y de Navarra mantenían su propia administración provincial tanto civil como militar. El hecho negativo de la falta de coordinación de estas administraciones quedaba incrementado con el gobierno de la corte del Pretendiente y el problemático mantenimiento de la tropa formada por los batallones de Castilla.

La I Guerra Civil española finalizó un año después con el abrazo entre los generales Rafael Maroto y Baldomero Espartero el 31 de agosto de 1829. Una parte importante de la oficialidad y del clero carlista no aceptó el convenio y marchó junto con el pretendiente al exilio a Francia. Para estos sectores, el acuerdo entre Maroto y Espartero sería conocido como la Traición de Vergara.



 

José Antonio Muñagorri y Otaegui

José Antonio Muñagorri y Otaegui fue un político y militar español. Protagonizó en 1838 el movimiento Paz y Fueros para poner fin a la Primera Guerra Carlista con la conservación de los fueros. Aunque su movimiento no tuvo éxito, la base de sus proclamas influyeron en el Convenio de Vergara de 1839. Hizo estudios de escribano, continuando con la tradición familiar. También estuvo involucrado en varios negocios, entre los que destacaron las ferrerías de Leizaran. La Primera Guerra Carlista paralizó sus negocios y preocupado por ello se reunió con algunas personas influyentes o acaudalados exiliados que se encontraban en Bayona (País Vasco francés). Estos propusieron separar la causa carlista de la reivindicación de los fueros vascos y concluyeron que debía acabar la guerra si se respetaban los fueros, surgiendo de ahí el movimiento Paz y Fueros. El movimiento contó con el apoyo del gobierno de España de tendencia liberal, que financió al ejército de Muñagorri contra de los carlistas. Fue apresado por los “chapelgorris” y fusilado poco después, en octubre de 1841. (Wikipedia)


 

Escrito de Muñagorri dirigido al infante D. Carlos varios meses antes de la acción de Peñacerrada, haciéndose eco del descontento de la población: “Señor: La felicidad de mi país, la felicidad de España me han prescrito un deber sagrado. Ambas me impelen a buscar los medios de poner término a la guerra civil, a esta plaga que todo lo destruye sin objeto ninguno y sin escuchar la voz de la clemencia. Treinta mil familias han desaparecido de nuestro suelo y otras cien mil se hallan reducidas a la más horrorosa miseria. Esta desolación, estas desgracias nos han venido por vos. Estos desastres desgarran el corazón de todo buen español. Yo me siento llamado a llenar la importante misión de sustraer mi país a los horrores de la guerra. ¿Lograré llevar a cabo este noble proyecto? La muerte será la única que pueda oponérseme para ello; pero yo lo arrostraré. V.A.R. (Vuestra Alteza Real) conocerá fácilmente que le es preciso salir de esta provincias. Vos y vuestros consejeros las habéis convertido en un desierto; habéis sembrado en ellas el luto y hacinado a montones los cadáveres. Abandonadlas, pues, cuanto antes. Si en ellas tenéis amigos, que os sigan enhorabuena. Si tenéis derechos a la corona de España, nosotros no nos opondremos a ellos; pero sabed que esta es una guerra de personas y que nosotros, navarros y vizcaínos no hemos reconocido jamás otros reyes que nuestros fueros y privilegios. ¡Vos queréis reinar! Marchad, pues, a las provincias que os pueden reconocer por rey; pelead con auxilio de los hombres que os creen con derecho al trono. Que decida la espada entre vos e Isabel, entre vos y todos los demás pretendientes; pero no contéis más en adelante con los esfuerzos de las provincias exentas. Demasiada sangre se ha derramado para alimentar las plantas parásitas que os rodean. Renunciad a la esperanza de sofocar el grito de independencia que ha proferido mi boca; mi voz es la de todos mis compatriotas; mi voluntad es la suya; nuestros valles y nuestros montes repetirán nuestros juramentos. ¡Abandonad el suelo de Navarra! Marchad, señor, nosotros queremos paz, queremos disfrutar de un solo día de descanso. Llevad a otra parte vuestras máximas de destrucción; pero no olvidéis que la justicia Divina castiga a los príncipes como a los hombres más desvalidos de la sociedad. Dios guarde a V.A.R. muchos años. Cuartel general del ejército independiente.
Verástegui 19 de abril de 1838.- F. Muñagorri”.

Y en otro escrito del mismo año aunque no tiene fecha se expresa en los mismos términos: “Proclama de Muñagorri, jefe de la insurrección fuerista contra el pretendiente. ¡Navarros y Guipuzcoanos! Hace cinco años que la desolación y la muerte pesan sobre nuestra patria. La sangre vertida en nuestros campos es la sangre de nuestros hermanos, de esos valientes que, seducidos y engañados por intrigantes, combaten por un príncipe cuyos derechos a la corona de España son dudosos. ¿Qué pedís? ¿Por qué combatís? ¿Por quién…? Paz y fueros, tal debe ser nuestro objeto. Si ambiciosos desean el trono, allá se las hayan. La Navarra, las Provincias Vascongadas, unidad por tantos vínculos de amistad, de sangre, de costumbres, de libertades, son desde ahora independientes. Desde hoy no somos ya esclavos, de esos miserables acostumbrados a mandar como señores y enriquecerse a expensas de los pobres. ¡A las armas… Viva la independencia. Paz. Libertad. Obediencia a las nuevas autoridades! Verástegui 1838. El comandante general en jefe de la independencia. – Muñagorri”.

 



 

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Mairu en Jimmy Jazz

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Fernando Azkura actuó con el grupo Mairu

El martes 19 de junio, un día poco propicio para el Rock & Roll, actuó nuestro amigo y convecino de Peñacerrada Fernando Azkura en la sala Jimmy Jazz de Vitoria/Gasteiz. Un concierto solidario organizado con el fin de recaudar fondos para la ONG Accem Euskadi dedicada a mejorar las condiciones de vida de los migrantes y refugiados, además de las personas en situación de riesgo o exclusión social.

A partir de las 19:30 horas le tocó el turno al otro grupo participante en el evento-concierto Garufa dando paso a partir de las 21:00 horas aprox. al grupo Mairu en el que participa Fernando.

Poca afluencia de público motivada por ser un día laborable, aunque los que asistimos disfrutamos de ambos grupos, formaciones que cuentan con muy buenos músicos experimentados. En total fueron casi cuatro horas de buena música.


 



 

180 aniversario de la Batalla de Peñacerrada. 5ª parte

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Consecuencias de la Batalla de Peñacerrada

Las consecuencias de la pérdida de este importante enclave estratégico y los numerosos muertos y heridos además de la gran cantidad de prisioneros capturados por el ejército liberal, quedan patentes en este párrafo: “El hecho que acabamos de hacer una ligera referencia, fue de grandiosa importancia. Los carlistas perdieron entonces la llave del Ebro por aquella parte; quedaron circunscritos a un territorio mucho más estrecho y por último, vieron nacer en su seno la discordia, que es casi siempre compañera de la desgracia. Había quedado derrotada allí la parte más ardiente del bando carlista, parte acaudillada por el general Guergué y naturalmente el bando que le hacía la guerra dentro de la misma corte de D. Carlos, aprovechó esta oportunidad para tomar la dirección de los negocios militares…”.
Crónica de la provincia de Logroño, de Waldo Jiménez Romera, pag. 41.

 

En El Atlante, de 1 de agosto de 1838 aparece un artículo que habla de la crudeza de la batalla: “Las personas que llegan de las provincias están todas de acuerdo en presentar la batalla que tuvo lugar el 22 de junio, entre Peñacerrada y Moraza, como una de las más sangrientas de esta guerra. Carlista y cristinos habían todos reunido en estos puntos toda la fuerza de que podían ellos disponer, con independencia de los refuerzos de tropas y de artillería, que de los alrededores cada parte recibió en la noche de la acción decisiva. Cada cuerpo de ejército tenía más de una legua (cinco kilómetros) de extensión y los carlistas ocupaban muy fuertes posiciones. La artillería de Espartero, procedente de la antigua legión de Argel, ha hecho prodigios en esta jornada. Lo que hay de singular es que un gran número de soldados han tomado, después de la derrota, el camino de sus respectivas provincias; los 2º y 8º batallones de Guipúzcoa se han presentado en Tolosa con una baja de 600 hombres. Pero para desvanecer los temores de la población, se ha hecho correr la voz de que los que faltaban se habían quedado en los hospitales. La cosecha de Peñacerrada a Vitoria, que comprende siete villas, está enteramente perdida. El día 24 llegaron al hospital de Irache 230 heridos pertenecientes a los batallones de Navarra; el mismo día 12 jefes y oficiales llegaron también a Estella. La brigada del general Sanz, que se compone del batallón de Guías, y del 8º y 12º de Navarra, se ha dirigido el 24 desde Aoiz al valle de Echauri, para cubrir los alrededores de Estella y los fuertes de Mañeru, Monjardín y Sortada. El 1º y 4º batallón de Guipúzcoa, bajo las órdenes del brigadier Alza, debía dejar el 28 la línea de Andoain y volverse al cuerpo de operaciones para reemplazar al 2º y 8º batallones mandados por Izurnaga”.

 

General Juan Antonio Guergué

General Rafael Maroto.

Mucha más información sobre la situación de los heridos tras la batalla de Peñacerrada aparece en el Boletín Oficial de la provincia de Zamora: “En el hospital carlista de Irache hay  en el día 800 heridos procedentes de las últimas acciones de Peñacerrada y además 140 enfermos. En dicho hospital han muerto desde el 22 al 30 de junio diez hombres por día. La junta de Navarra, sabiendo el estado de miseria en que se encuentran los pueblos, ha dado orden para que no les exijan raciones hasta después de la cosecha, cuidando entretanto la junta de comprar las raciones necesarias para la tropa… Ayer se decía que el general carlista Guergué, que mandó las tropas en la acción de Peñacerrada, había sido asesinado por los suyos por sospechas de traición. Varios arrieros llegados ayer de las provincias confirman esta noticia. No tenemos datos fijos sobre esta ocurrencia; pero podemos asegurar que el brigadier Iturriaga, despechado por la derrota del ejército, insultó agriamente al general Guergué después de la acción y hasta llegó a amenazarle con una pistola; tal vez este incidente habrá dado margen a la noticia de la muerte de Guergué”. No murió el general Juan Antonio Guergué de la forma que relatan estos hechos aunque muy bien pudieron ser ciertos. “A principios de 1838 asumió el mando en jefe del ejército del norte y sostuvo los desgraciados combates de la línea de Valmaseda que culminaron en la pérdida de Peñacerrada, por lo que fue sustituido por Maroto, que ordenó a Guergué que se recluyera en su casa de Legaria. Comprometido aquél a una transacción, tuvo que eliminar a los que se oponían a la misma, entre los que se encontraban los generales Guergué, García y Sanz, el brigadier Carmona y el intendente Uriz, los cuales fueron fusilados en el Puy de Estella el 18 de febrero de 1839” (Gran Enciclopedia de Navarra).

Fusilamientos en Estella de los sublevados, por orden del general Rafael Maroto.

Los sucesos y toma de Peñacerrada han causado una sensación muy fuerte al ejército y provincias sujetas al Pretendiente. Los navarros y guipuzcoanos son particularmente los más desalentados. A fin de animar a los soldados, se ha mandado distribuirles alguna blanca; esa distribución se verificó el 24”.
El Atlante, 1 de agosto de 1838.

180 aniversario de la Batalla de Peñacerrada. 4ª parte

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Otro punto de vista sobre la Batalla de Peñacerrada

En el Boletín Oficial de la Provincia de Segovia, 3 de julio de 1838, aparece más información de la batalla. “Peñacerrada unía a la solidez de su fortificación la concurrencia de un ejército en su apoyo.  El de mi mando ha tenido que resistir los ataques y amagos de las fuerzas enemigas sin desatender el objeto de rendir la plaza. Las baterías rompieron el fuego al amanecer muy próximas al recinto, habiendo jugado todas las piezas hasta las cinco de la tarde, hora en que me fue forzoso atacar a las fuerzas rebeldes, porque aumentadas considerablemente, procuraron a todo trance salvar a los sitiados. Puestas en marcha las masas que formé, volvieron a sus líneas atrincheradas, creyeron segura nuestra derrota atrayéndonos a ellas; pero ni las ventajosas posiciones, ni el horroroso fuego de sus baterías y batallones, pudo resistir a los valientes a mi mando. Puesto a la cabeza del brillante regimiento de húsares de la Princesa con mis ayudantes y Estado Mayor se decidió en breve la victoria. La carga fue de las más arrojadas y de mayor mérito. Sobre 300 cadáveres quedaron en el campo; y aunque no me es posible fijar en este momento el número de prisioneros, calculo que no bajarán de 800 hombres. Su artillería con las mulas de tiro, municiones y material, armas, equipajes e infinidad de pertrechos, todo quedó en nuestro poder. La consecuencia de este importante suceso fue la de ocupar esta plaza con cinco piezas más de artillería, armas, víveres, municiones y otros efectos”.
Firmado por: El Conde de Luchana. General Baldomero Espartero.

Cuadro: Calderote.
Primera Guerra Carlista
Autor: Ferrer Dalmau

El éxito fue tan feliz como se había previsto. Después de tres días de continuo pelear, los carlistas, confiados en la escasez de municiones que se sentía en el ejército de Espartero, contaban ya con un seguro triunfo; pero el general, que comprendía lo precioso de aquellos momentos, forma en masa siete batallones y se arroja a la bayoneta sobre las posiciones enemigas. Los carlistas suspenden su fuego hasta tenerlos a corta distancia, pero en vez de recibirlos a metralla y fuego de fusil, lanzaron sobre ellos una masa de caballería, que, rechazada por las tropas de la reina, dio a éstas la ocasión de verificar un rápido movimiento que las hizo dueñas de todas las posiciones. Efectivamente, antes de que acabaran de entrar en sus líneas los jinetes de D. Carlos, el intrépido general se puso a la cabeza de varios escuadrones y se arrojó sobre las posiciones enemigas. Fue el tal ataque tan breve y tan violento, que los carlistas, no teniendo tiempo aun para volver de su sorpresa, huyeron desconcertados, dejando sobre el campo 300 de los suyos con toda su artillería, trenes (carros de municiones para la artillería), bagajes y 800 prisioneros. Las tropas de D. Carlos evacuaron sigilosamente la plaza y Peñacerrada quedó en poder de la causa legítima”.
Crónica de la provincia de Logroño, de Waldo Jiménez Romera, pag. 41.

Soldados carlistas



 

EN LAS SIGUIENTES PARTES QUE COMPONEN ESTE RELATO

TRATARÁN SOBRE LAS CONSECUENCIAS QUE TUVO EL 

DESENLACE DE ESTA BATALLA EN LA GUERRA CARLISTA



 

180 aniversario de la Batalla de Peñacerrada. 3ª parte

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El desarrollo de la batalla contada por el general Espartero

General Baldomero Espartero

El día 22 de junio tuvo lugar la cruenta batalla en los campos que hay entre Pañacerrada y Payueta, en la que cerca de 15.000 hombres se batieron con el resultado de unos 500 muertos entre los dos ejércitos. También supuso la destrucción de las murallas norte de la villa y el incendio y destrucción de una gran partes de los edificios de esa misma zona.

Así lo relató el general Espartero en su informe militar dando cuenta de las acciones llevadas a cabo en esa jornada:

“…Todos los movimientos desde las diez de la mañana que despejó la niebla, indicaron que trataba de ocuparnos seriamente. Adelantó dos piezas por el punto que yo había previsto, dirigiendo sus fuegos por la espalda a nuestra batería de la izquierda. Colocó las otras dos, frente del punto que ocupaba la división de la Guardia Real y la caballería. Las primeras se retiraron por el fuego  de la batería del castillo, colocada anticipadamente para este esperado caso. Las otras se replegaron también por el nutrido fuego de la batería de a 4 y la de lomo de la legión francesa; pero las numerosas líneas de tiradores de una y otra parte mantuvieron constantemente un fuego muy sostenido.

Esta era nuestra situación sobre las cuatro de la tarde, para cuya hora habían adelantado cuatro escuadrones y fuertes guerrillas al pueblo de Baroja que estaba abandonado y que se ocupó enseguida por dos batallones de la Guardia Real provincial y dos escuadrones de húsares. Entonces me resolví a dar un ataque decisivo, porque no había otro medio de vencer tantas dificultades. Con una rapidez admirable formé en batalla por masas de batallón seis de la división de la Guardia Real y uno de la tercera. Las compañías de cazadores desplegaron a su frente en guerrillas. La de tiradores de húsares de la Princesa, entre las columnas y guerrillas. La batería de a 4 de carril estrecho y la de lomo de la legión francesa, con tres escuadrones del regimiento de húsares, a retaguardia cerca de las masas. Uno de los batallones de Baroja tuvo orden de marchar a su frente por la izquierda; otro de la Guardia Real con otro de la tercera división, quedaban en reserva.

Comienzo de la batalla de Peñacerrada.
Autor: José Vallejo
Museo Zumalakarregi Museoa

A mi voz se rompió la marcha con una decisión y entusiasmo precursor de la victoria. Ni las sinuosidades del terreno, bosques y matorrales, ni el fuego nutrido de los enemigos que ocupaban la primera posición fue bastante a desordenar en lo más mínimo aquellas masas, pues si algún barranco o la espesura de los árboles alteraba su alineamiento, éste quedaba restablecido sobre la marcha así que el terreno lo permitía; arrojado el enemigo de las posiciones y cuando nuestros cazadores llegaban a ella, salieron del barranco que las seguía los escuadrones rebeldes que a su falda estaban cubiertos. Su imprevista aparición hizo cejar a los cazadores; pero puesta a la cabeza de los tiradores de húsares, mi escolta y cuartel general, mandé la carga contra los que la daban. El choque fue natural por la proximidad, los sables y las lanzas se cruzaron; pero a la mayor decisión está siempre reservado el triunfo. La caballería enemiga del frente fue arrollada por un puñado de valientes. Las mitades que no sufrieron el choque volvieron caras en orden y su jefe nos llevó al punto cardinal de sus líneas atrincheradas, donde como dije a V.E. en el conciso parte del 22, creyeron segura nuestra derrota…

Carga de los húsares de la Princesa con Espartero a la cabeza.
Museo Zumalakarregi Museoa

Estas fuerzas estaban preparadas y las batidas en primera posición, rehechas en el bosque de nuestra izquierda, cruzaban sus fuegos oblicuos. La caballería rebelde, al aproximarse a dichas fuerzas a retaguardia, dejando expedito el frente para que dirigiesen el mortífero fuego de ambas armas contra los bravos que la seguían. La artillería rompió el de metralla, los batallones el suyo… El momento fue crítico. La indecisión de los que quedaron ilesos hubiera malogrado tan remarcable triunfo. Lo conocí y mi presencia, al frente de los primeros de los más valientes, era precisa, necesaria para no perder el momento. El coronel del regimiento de húsares D. Juan Zabala había penetrado con dos escuadrones por uno de los claros a distancia prevenida de los batallones, conduciéndose con la bravura que le distingue. La carga fue heroica y brillante. Las masas rebeldes fueron envueltas. Nuestros batallones, dirigidos por D. Felipe Rivero, siguieron a la caballería con una rapidez y orden admirable. El terror y el espanto se apoderó de los enemigos y en pocos minutos mordieron la tierra cuantos tuvieron la desgracia de experimentar los primeros impulsos de las lanzas, de los sables y de las bayonetas.

Entrada del ejército liberal en Peñacerrada.
Museo Zumalakarregi Museoa

Más de 300 fueron los cadáveres que quedaron en el campo. El número de prisioneros fue de 685, según lo acredita el estado número 3, salvándose los demás por las ventajas que ofrecían el terreno y la proximidad de la noche. Las cuatro brillantes piezas de artillería con sus tiros de mulas, municiones, armas de todas clases, caballos, equipajes e infinidad de despojos de que estaba cubierto el campo, todo quedó en nuestro poder… Así que la guarnición de Peñacerrada tuvo noticia por uno de caballería que se introdujo en la plaza a todo escape, del desastre que había experimentado su ejército auxiliar, emprendió la fuga sin que la percibiesen las fuerzas que quedaron en el campo atrincherado, hasta que por el bosque próximo ganó la gran cordillera. En el momento fue ocupada con precaución, pues ardía parte del pueblo por efecto de las bombas y granadas, siendo de temer que hubiesen dejado preparada la voladura de sus municiones. Las que se hallaron fueron considerables y abundantes los repuestos para mucho tiempo. Su artillería, con los correspondientes montajes, se componía de un cañón de a 18 de hierro y de bronce, uno de a 12, otro de a 8, otro de a 4 y un obús de a 7, de modo que son 11 el total de las piezas cogidas en la plaza, castillo y campo de batalla…”.

 



EN PRÓXIMAS FECHAS CONTINUAREMOS CON EL RELATO

DE LA BATALLA DE PEÑACERRADA Y LAS CONSECUENCIAS

QUE TUVO PARA EL CARLISMO Y PARA LA POBLACIÓN



 

180 aniversario de la Batalla de Peñacerrada. 2ª Parte

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Toma y destrucción del castillo de Urizarra

Casi un año después de que la villa permaneciese en manos carlistas, el general Espartero dirigió su ejército desde Vitoria hasta las inmediaciones de Peñacerrada. Se trataba de una fuerza considerable con abundante artillería y caballería. El ejército carlista, al mando del general Guergué, había recibido unos refuerzos importantes procedentes de Navarra con el fin de defender la plaza. Contaba para su defensa con los castillos de Moraza y Urizarra, unida a la artillería emplazada en la villa. “Peñacerrada, que había sido rodeada de importantes fortificaciones, y cuyos alrededores se hallaban cuajados de reductos, debía ser vivamente defendida por las huestes de D. Carlos. No era menos importante su expugnación para las armas liberales, pues llevaban la probabilidad de atraer a los carlistas a una batalla general, en la cual tenían grandes probabilidades de seguir triunfantes; aun suponiendo que así no sucediera, el movimiento de concentración que debían practicar los enemigos había de dar una mayor facilidad a las divisiones liberales que operaban en la circunferencia del país, permitiéndoles llegar hasta el corazón del carlismo. Todas estas consideraciones debían hacer muy ventajosa la operación indicada y Espartero se decidió a llevarla a cabo”. En este párrafo del libro “Crónica de la provincia de Logroño” de Waldo Jiménez Romera, pag. 41, encontramos los motivos de los continuos ataques que sufrió la villa de Peñacerrada desde el comienzo de la guerra hasta la toma de la villa en junio de 1838.

Castillo de Urizarra

En el periódico El Atlante, del 17 de julio, encontramos un interesante relato de la toma del castillo de Urizarra: “El día 19 se presentó nuestro ejército al frente de la plaza. El 20 fue atacado el castillo que el enemigo supo defender con obstinación y bizarría. Después de un corto fuego de artillería por nuestra parte, nuestros valientes corrieron a la bayoneta sobre el frente y colocándose en el foso y al pie de las murallas, inutilizaron los disparos del enemigo. La guarnición, que no había querido capitular, pidió entonces hacerlo, y le fue reusado. Nuestros soldados se apoderaron del fuerte y a viva fuerza, y los enemigos que salvaron sus vidas, lo debieron a la generosidad de nuestros soldados. Dos piezas de artillería, infinidad de muertos, 80 prisioneros y todos los pertrechos de guerra fueron el premio de esta primera victoria, comprada con la sangre de nuestros valientes. El batallón de Guías fue el que más se distinguió este día, pues tuvo el arrojo de lanzarse al asalto de la fortaleza, sin aguardar a que hubiese brecha abierta. Tres ayudantes del General en Jefe (Espartero) estuvieron presentes en este punto y dirigieron el ataque”.

Tropas carlistas. Lanceros de Navarra

Una vez tomada la importante posición defensiva del castillo de Urizaharra, las fuerzas del general Espartero tenían una posición privilegiada en las peñas que dominan la villa para instalar sus piezas de artillería y bombardear la muralla norte de la plaza.

En el parte oficial del ejército escribió el general Espartero: “Mi posición era bastante embarazosa. Suspendido el ataque mientras llegase un abundante repuesto de municiones, podía el enemigo en su país obstruir las comunicaciones y obligarnos con sus movimientos a ceñirme a la defensa del campo atrincherado, abandonando mi línea para proteger los convoyes. La guarnición de la plaza podía ser relevada con gente de refresco, dando lugar a que reparasen los derribos y destrozos de sus baterías y baluartes, restableciendo la fuerza moral perdida por el feliz suceso de la toma del castillo y aumentando su resolución en la obstinada defensa. Por lo tanto, la dilación en ser dueños de la plaza, nos era sumamente perjudicial. Esto no podía ocultarse a Guergué, jefe superior del ejército rebelde, que ya había reunido fuerzas considerables en este día con la brillante batería rodada, titulada del cuartel real y escogidos escuadrones…”

Batalla entre los ejércitos carlistas y liberales



PRÓXIMAMENTE LA TERCERA PARTE EN LA QUE
SE NARRA LA BATALLA DE PEÑACERRADA
CONTADA POR EL PROPIO GENERAL ESPARTERO



 

180 aniversario de la Batalla de Peñacerrada. 1ª parte

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21 y 22 de junio de 1838

Se trató de una batalla que duró dos días, el 21 y 22 de junio de 1838 (aunque las acciones de aproximación y toma de posiciones habían comenzado el día 18) suponiendo la destrucción de todo el paño de la muralla norte además de la puerta que existía en esa zona y también el de una gran parte de sus edificios, por efecto de los numerosos cañonazos.

Mapa de la zona de Peñacerrada. Se observa la carretera de Logroño a Vitoria que pasa por Laguardia y Peñacerrada, de ahí su importante valor estratégico

Cinco años antes había comenzado la que sería la “I Guerra Civil española”, entendiendo como “guerra civil” el conflicto bélico entre españoles. En los siglos anteriores e incluso en ese mismo siglo, pocos años antes (1808-1813), había tenido lugar la Guerra de la Independencia en la que se luchó para expulsar a los ejércitos franceses de Napoleón de tierras españolas. Siglos antes, durante la Reconquista (722-1492), se había luchado contra los musulmanes que habían permanecido en España por espacio de ocho siglos.

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Fernando VII, cuadro de Vicente López Portaña.
Museo del Prado. Madrid

Todo comenzó el 29 de septiembre de 1833 con la muerte del rey Fernando VII. Desde el siglo XVIII estaba en vigor la Ley Sálica (que prohibía el acceso al trono de las mujeres) por lo que el rey, para asegurarse que el trono estuviera en manos de un descendiente suyo, aunque fuese mujer, promulgó el 30 de septiembre de 1830 la Pragmática Sanción anulando la anterior. El rey había enviudado tres veces sin descendencia y se casó en 1829 con su prima María Cristina de Borbón Dos Sicilias con la que tuvo dos hijas, Isabel (que reinó en España con el nombre de Isabel II) y María Luisa Fernanda.

Con la muerte de Fernando VII quedaba como heredera del trono su hija Isabel que tenía tan sólo tres años, regentado por su madre María Cristina hasta que obtuviera la mayoría de edad. Los sectores más ultras y reaccionarios, los absolutistas del país, preferían como rey al hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, que era más cercano a sus postulados. A la muerte de su hermano, desde su exilio en Portugal, publicó el Manifiesto de Abrantes, donde se autoproclamaba rey con el nombre de Carlos V (este sí iba a ser el rey Carlos V aunque nunca llegó a gobernar y no el que se denomina con ese nombre que era en realidad Carlos I). La “I Guerra Carlista” había comenzado, una guerra que duró seis años y que asoló todo el país.

La cuestión dinástica no fue la única razón de la guerra. Tras la Guerra de la Independencia, Fernando abolió la Constitución de 1812, pero tras el Trienio Liberal (1820-1823), Fernando VII no volvió a restaurar la Inquisición (suponemos que se refiere a la Pragmática Sanción aboliendo la Ley Sálica), y en los últimos años de su reinado permitió ciertas reformas para atraer a los sectores liberales, que además pretendían igualar las leyes y costumbres en todo el territorio del reino eliminando Fueros y privilegios, al tiempo los sectores más conservadores se agrupaban en torno a su hermano Carlos. El campo y las pequeñas ciudades del País Vasco y Navarra apoyaron mayoritariamente al pretendiente Carlos debido a su tradicionalismo foral, gracias al apoyo que le dio el bajo clero local.” (Wikipedia)

Vista general de Payueta y el fuerte de Moraza.
Autor: Ricardo Becerro
Koldo Mitxelena Kulturunea

Vista general de Peñacerrada.
Autores: Canseco y Balaca
Koldo Mitxelena Kulturunea

La villa de Peñacerrada permanecía fiel a la reina Isabel II estando en manos de los liberales (“ejército cristino”, por la regente María Cristina o también “isabelino”) hasta comienzos del mes de septiembre  de 1837, fecha en que fue tomada por las tropas carlistas. Durante los años anteriores se habían producido continuas escaramuzas encaminadas a tomar la importante posición estratégica que controlaba el camino de Vitoria a Logroño por el puerto de Herrera. En un artículo publicado en El Atlante el 14 de julio de 1838, vemos que la situación social era muy convulsa y que en las filas carlistas existían rencillas y resquemores de las distintas facciones. Además, el general Espartero estaba reuniendo en Vitoria un fuerte contingente para recuperar la villa de Peñacerrada: “Vitoria 5 de mayo. De resultas de las desavenencias que han ocurrido en Estella entre los partidarios de los fueros y los carlistas, ha sido asesinado un alto personaje y D. Carlos tuvo que escapar a toda prisa dirigiéndose a Durango. Muñagorri entró en Francia con más de 200 hombres a causa de los continuos temporales de aquella línea y dicen que mientras mejora el tiempo organizará una mediana columna para volver luego a continuar sus proyectos. Espartero entró ayer en esta con 5 batallones, algunas piezas y sobre 100 caballos. Suponen que trata de tomar a Peñacerrada”.



 

Próximamente la segunda parte en la que se narra el cerco de
Espartero a Peñacerrada y la destrucción del castillo de Urizaharra

 



 

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Campeonato de bolos en Baroja

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Domingo, 10 de junio de 2018

Se ha celebrado una nueva edición del Campeonato de Bolos en la localidad de Baroja en una tarde animada en la que participaron, como en otras ocasiones, tanto los hombres como las mujeres que lo desearon.

Este es el reportaje gráfico que nos ha enviado la organización.